El maestro Sendra generosamente pone su ingenio para graficar lo que hay que decir sobre el Mundial y la deuda externa



 

 



 

 

Hastío

 

Sábado 17 de Diciembre de 2011

Al Dorso/ Girondo

Esperábamos,
y todavía
y siempre
esperando
esperando

con todas las arterias,
con el sacro,
el cansancio,
la esperanza,
la médula;

Esperando  reorganizar la bronca, escupir el odio,
despojarnos  de la indecorosa vergüenza de seguir entregando la propia dignidad.
Esperando el aire, el cielo, la tierra, para la desterrada palabra que venimos arrojar.
La angustia de los días olvidados, perdidos en la quietud cobarde de la indecencia.La tristeza de sepultar las ansias de seguir apostando a lo perdido.

Esperando que la desdicha de la infamia, se esfume en hediondas imposturas de rebeldía organizada. Esperando que las promiscuas ingestas de opulencia manifiesten la idiotez purulenta, la culpabilidad genocida de los nuevos y viejos reyes.

Esperábamos,
esperábamos
y todavía
y siempre
esperando,
esperando
distendido,
exaltado,
apurando la espera,
por vocación,
por vicio,
sin desmayo,
ni tregua.

Esperando que la rectitud, el coraje y la bravura iluminen la indulgencia de estar contra todo: la entrega de nuestros recursos, de nuestro patrimonio. De ofrendar nuestras vidas a la miserabilidad capitalista que sigue aniquilando conjunciones de sueños.

Estar contra todo: las apuestas del “capitalismo serio”, la persecución a la claseobrera, el sindicalismo traidor y entreguista, la parasitaria burguesía internacional trasvestida de “nacional y popular”.

Estar contra todo: los negociados de la deuda, la sojización expulsiva de la vida, las leyes antiterroristas impuestas por el imperio. La dirigencia política cómplice y prebendaría.

Estar contra todo. Contra las ideas que imponen el fin de las grandes hazañas. El conformismo barato y berreta del “sálvese quien pueda”. La recuperación maniquea de la rebeldía disciplinada.

Esperando la estupidez crónica de preservar la quietud, con la cobarde vergüencita de predicar la náusea, y la cancerosa actitud de suprimir el todo, de anular la praxis colectiva, única identidad que nos condiciona a ser libres.

el hartazgo y el hambre de seguir esperando,
de no apartar un gesto de esa espera insaciable,
de vivirla en nuestras  venas,
y respirar en ella la realidad,
el sueño,
el olvido,
el recuerdo;
sin importarnos  nada,
no saber qué esperábamos:
cada vez más   resuelto a prolongar la espera,
y a esperar,
y esperar,
y seguir esperando